Es la iniciativa de Dios, él nos llamó y nos envió. Enviados a caminar y compartir la vida con nuestros hermanos, para ser signo de su presencia. Ser testimonio y encarnar  su Amor eterno por cada persona, especialmente los "pobres" y los "heridos de nuestro mundo" en diferentes aspectos de la vida.

En estos pocos años de mi inserción en España, he tenido experiencia de acogida, fuerza y límites de todo lo que encuentro en mi relación cotidiana. Esta disposición me ayudó a conocer sus realidades, a descubrir sus riquezas a integrarlas ligeramente en mi vida y adoptar sus costumbres y modo de vida.

El aspecto más interesante de mi experiencia misionera es la riqueza de vivir en la frontera de una provincia en España donde mi comunidad está insertada. Un privilegio de ser llamada y enviada a vivir, caminar y compartir la realidad de nuestros hermanos desfavorecidos. Viviendo en solidaridad con ellos en sus  sufrimientos y difíciles experiencias, muchas veces en silencio, con corazón compasivo y misericordioso sintiendo nuestra impotencia pero con la confianza puesta en  Dios que siempre es grande para toda la humanidad creada con amor a su imagen. Para mí, personalmente, este estilo de vida es una respuesta a mi profunda búsqueda para vivir mi vida religiosa. Un camino de crecimiento hacia un amor más realista y verdadero con espíritu de sencillez en todos los aspectos de la vida bajo la luz del Evangelio.; siempre en camino en itinerancia  con mis cualidades, debilidades, y  riquezas.

Mi profundo agradecimiento a Dios que siempre ha estado guiando mi camino en su voluntad divina. En su amor, que me dio el privilegio de experimentarle en la realidad diaria de mis hermanos y hermanas en el  Hogar Siloé (Centro de acogida para pacientes con VIH la mayoría de ellos en la etapa terminal). Consecuencia de consumo de drogas…, excluidos por la sociedad y la mayoría por sus familias (SIDA, cáncer, enfermedad mental) y otros problemas sociopolíticos culturales.

Mi estar diario en este centro con nuestros hermanos y hermanas enfermos es  un lugar donde me encuentro concretamente con nuestro Señor Jesús, que se revela a mí en las diferentes caras de sus hijos e hijas enfermos. Aunque es muy  exigente, pero es un servicio privilegiado, porque a través de estas personas físicamente y psicológicamente indefensos como el cuerpo muerto de Cristo en los brazos de la Santísima Virgen María, Cristo me llama al amor, a cuidar y promover la vida, con compasión, fraternal disposición y la ternura que manifiestan “el rostro materno de la misericordia de el Padre que en Cristo libera y nos salva” a pesar de todos sus límites físicos todos puedan experimentar el Amor de Dios. Sus estados de vida son  desafíos para mí, porque mirando la gravedad de su enfermedad, los dolores, las molestias que yo tenía, ellos me ayudaban a superarlo.

La comunidad parroquial y el barrio son para mí un lugar de reunión donde se celebran alegrías,  un nacimiento, un momento de encuentro, compartir la fe, la amistad y el apoyo muto en  tiempo de dolor, enfermedad, luto por la muerte de un ser querido. Estos lugares son los lugares y momentos de enriquecimiento para mí a pesar de nuestra diferencia de cultura diversa en muchos aspectos, pero unidos en la misma fe como hijos de un mismo Padre.

Sr. M. Gloria Eze. (Jerez de la frontera, España)

20 ottobre 2017

 

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